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Las barricas de roble y el vino. PARTE 1

por: Por Rocío Marchant @rociomarchantz
Por Rocío Marchant @rociomarchantz

Queridos winegeek, hoy hablaremos de uno de los pilares que han construido nuestro imaginario vitivinícola, “la guarda del vino en barricas de roble”. Así es, porque cuando recién comenzamos a adentrarnos en el mundo del vino, ¿no es de las primeras imágenes románticas que se nos vienen a la cabeza? Filas interminables de barricas de roble que pacientemente guardan y conservan el vino, para liberarlo sólo en el momento preciso a ser degustado.

 

Y la verdad es que hay varias preguntas que requieren respuesta: ¿De dónde viene la tradición de guardar el vino en barricas? ¿Tienen que ser necesariamente de roble? ¿Cuál es su función? ¿Cómo se determina cuánto tiempo debe pasar el vino en la barrica?

Esta semana partiremos por la historia que hay detrás. Hay que comenzar contando que las barricas fueron utilizadas por primera vez por el pueblo celta asentado en Europa en su zona central, fría, húmeda y con gran cantidad de bosques. Antes de eso el vino era guardado en ánforas e incluso en contenedores creados con pieles de animal.

Pero no fue hasta que los celtas, gracias a su perfección en el trabajo de la madera y su búsqueda de un recipiente en donde almacenar su cerveza, que tuvimos la primera barrica de la historia. Más adelante, cuando los romanos conquistaron a los galos, descubrieron que ellos usaban estas barricas para almacenar cerveza. Y en cosa de 200 años las vasijas de arcilla pasaron a la historia para ser sustituidas por las barricas de madera, que además eran mucho más fáciles de mover por el hecho de que podían rodarse por el suelo. Y así, sin saberlo, los romanos estaban alterando las propiedades del vino por primera vez en la historia. ¿Por qué? Porque fueron los últimos romanos y posteriores civilizaciones quienes se dieron cuenta de que el vino, tras pasar un tiempo en las barricas, tenía un sabor más complejo, con más aromas (canela, especias, vainilla, que procedían del tostado de las barricas) y se sentía más suave en la boca.

El roble con el paso de los años ha ido evolucionando también. El roble francés era el que primero se usaba, por los celtas y luego por los romanos. Y aunque para la elaboración de los toneles se ha utilizado el pino, el cerezo, el fresno, la acacia, la haya, el castaño y el abeto, el roble sigue siendo el más usado.

El lugar de origen del roble también es tema; por ejemplo, el roble americano, por un tema de variedad y por el clima del lugar de origen, suelen tener poros más abiertos, aportan taninos de diferente textura y otros aromas al vino. Además, y yéndonos al detalle, el roble europeo ofrece mayor permeabilidad y porosidad, lo que permite una mejor micro oxigenación y evolución del vino.

Y en Chile, ¿se producen barricas? ¡Claro que sí! La tonelería nacional es un ejemplo, ellos importan tablas de roble de Francia y Estados Unidos para devolverlas convertidas en barricas. Además, hay proyectos testeando madera nativa chilena para la posterior producción de barricas, pero hasta el momento está en etapa de evaluación, ¿interesante, no?

Eso por esta semana, la próxima continuaremos adentrándonos en el resto de los temas y sabiendo más acerca de las barricas y su efecto en la historia, en el vino y en su guarda.